Decíamos el año pasado, al presentar la primera edición de Construir el futuro, que aunque a nuestro alrededor proliferaran escenarios y futuros distópicos, lo cierto es que contábamos ya con los materiales para construir un mundo no solo de suficiencia compartida, sino también, bien encauzado, de abundancia y prosperidad. Doce meses después, esas posibilidades no han hecho más que agudizarse.
Si bien el agravamiento de la crisis climática y sus estallidos cada vez más recurrentes siguen alimentando las opciones políticamente más funestas, las soluciones a esa crisis ya han dejado de ser hipótesis para convertirse en herramientas en disputa y con un potencial político, económico y social a corto plazo que no podemos dejar escapar.
Por eso, en esta nueva edición de Construir el futuro queremos explorar algunas de las múltiples vías que ya están abriendo para alcanzar ese futuro próspero. Desde las posibilidades reales que tiene España para convertirse en un foco mundial de políticas climáticas, energéticas e industriales de abundancia generalizada hasta el papel que está teniendo China a la hora de acelerar y dar cuerpo a la descarbonización mundial y los retos que esto plantea; todo ello pasando, por ejemplo, por cómo incorporar la transición verde a la necesidad de un nuevo pacto social europeo o cómo esta transición está redibujando o, es más, subvirtiendo un orden global que dábamos por natural.
Entendemos que la política climática ha pasado a una nueva fase, una fase que va más allá del clima. La disputa por estas políticas ya no se da sencillamente en términos climáticos, aunque el negacionismo y la defensa del orden fósil no están ni menos extintos. Pero si antes aquello de «toda política es política climática» era un eslogan, hoy esa frase es simple y llanamente una descripción de la realidad. Por eso cuando se habla de seguridad, de industria, de defensa, de política sociales, de revolución digital, de ciclos de inversión, de geopolítica o de rediseños institucionales, los cimientos de esa disputa son climáticos y energéticos.
Para quienes percibimos el presente y el futuro a través de la crisis climática, este es un periodo clave y una realidad inexcusable. En nuestra mano está, por ello, entrar en la actual conversación política y apropiarnos de ella para acelerarla y conducirla en un sentido de democracia, redistribución y justicia. Porque solo una transición justa será rápida, pero solo una transición rápida será justa.